25/07/2026

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Jubilados a la deriva por el cierre del Hospital PAMI Hurlingham: “No somos juguetes de nadie, hemos trabajado toda la vida”

Pacientes del el hospital expresaron su preocupación por el inminente cierre del establecimiento y el futuro de su atención médica. Advierten que deberán peregrinar a otros municipios, con turnos más difíciles de conseguir, mayores demoras y costos de traslados

«Queremos tener una vida digna. Yo ya aporté cuarenta años». La frase resume el sentimiento de los jubilados que desde hace semanas se movilizan para intentar evitar el cierre del Hospital PAMI Hurlingham, un hospital del que dependen miles de afiliados del distrito y de municipios vecinos. Mientras los trabajadores denuncian el vaciamiento progresivo del establecimiento, quienes se atienden allí ponen el foco en otra preocupación: qué será de ellos cuando las puertas del hospital se cierren definitivamente.

«Se trabajó muchísimo para que esté el hospital. Hay mucha gente que se atiende acá, de Hurlingham y de otros lugares», expresó una jubilada durante una de las protestas realizadas frente al edificio ubicado en General O’Brien y Guardia Vieja. Para ella, como para muchos otros pacientes, el hospital representa mucho más que un lugar donde sacar un turno: es el espacio donde lograron acceder a atención médica con mayor rapidez que en otros centros de salud. 

Las manifestaciones comenzaron apenas trascendió la decisión de cerrar el establecimiento. Desde entonces, jubilados y trabajadores realizan actividades para visibilizar el conflicto y reclamar que el hospital continúe funcionando. «Todos los miércoles nos movilizamos, hacemos un semaforazo para que no cierren el hospital«, contó una de las participantes. El establecimiento atiende actualmente entre 10.000 y 15.000 afiliados de Hurlingham, además de pacientes provenientes de otros municipios bonaerenses. 

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«Este hospital es del pueblo de Hurlingham, de los jubilados que trabajamos toda la vida», afirmó otro de los manifestantes, convencido de que el cierre significará perder un servicio esencial para la comunidad. La incertidumbre también alcanza al futuro de las consultas y estudios médicos, ya que los pacientes deberán ser derivados a otros establecimientos de la región, donde la demanda ya es elevada. «Nos quieren mandar al Bicentenario de Ituzaingó, que ya tiene sus turnos a tope, que nos queda lejos, lejísimos», lamentó una jubilada, preocupada por las dificultades que implica trasladarse a otro municipio para recibir atención.

Mientras esperan una definición sobre el futuro del hospital, los pacientes insisten en mantener las protestas. Dicen que no solo defienden un edificio, sino el acceso a la salud de miles de adultos mayores que hoy encuentran allí una respuesta médica cerca de sus hogares.

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